MENSAJES

 

MENSAJES DE GERARDO VERA
LA LUCHA DEL CREYENTE
1º Timoteo 6:11-16

Todos los derechos de autor y reproducción reservados. Autorizada su reproducción citando la fuente y el autor.

La presente predicación ha sido reproducida con permiso en el número 15 del Periódico "Reflexión Bautista" de la Asociación Bautista Argentina

 

Introducción

En los últimos tiempos ha habido una suerte de moda dentro del ambiente cristiano, con respecto a algo que se denominó “guerra espiritual”.

Algunos hermanos piensan que hacer “guerra espiritual” es andar viendo demonios por todas partes y andar todo el día “reprendiéndolos”.

Otros hermanos piensan que hacer “guerra espiritual” es cantar canciones sobre la victoria de Dios sobre el diablo.

Hoy vamos a ver qué es lo que dice la Palabra de Dios acerca de la lucha en la que está inmerso el creyente.

En primer lugar veremos que...

 

I. La guerra espiritual exige un soldado 

(11) “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. (12) Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”

 

a. La guerra espiritual implica definir de que lado estamos

(11) “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.  

Vemos que el apóstol Pablo le escribe a Timoteo, que no es cualquier persona. Timoteo es un creyente. Se dirige a él como “hombre de Dios”.

Mucha gente cree que se puede estar bien con Dios y con el diablo. Existe una gran mentira muy generalizada de que no importa el camino que uno tome, siempre y cuando sea espiritual, puede hacernos llegar a Dios.

Sin embargo, encontramos en la Palabra de Dios, la Biblia, que en el Evangelio de Juan (14:6) dice:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

No hay otro camino a Dios que no sea el Señor Jesús. Y eso exige que nos definamos en qué camino tomar. Si iremos a Dios, por Jesús o vaya a saber uno adonde va a parar por cualquier otro extraño camino.

Por otra parte, también hay mucha gente que cree que si no se mete en las cosas espirituales, está exenta de las influencias del mundo espiritual. Nada más lejano a la realidad, ya que el mundo espiritual está allí, creamos o no en él, y dice la Palabra de Dios que nuestro adversario el diablo anda alrededor como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).

Entonces, en primer término debemos definir de qué lado estamos. Si estamos en las tinieblas o en la luz, si somos hijos del diablo, o elegimos ser hijos de Dios, por medio de la “buena profesión” de fe, pidiendo al Señor Jesús que sea nuestro Señor y Salvador, reconociendo su victoria en la cruz sobre el pecado, pidiéndole y aceptando Su perdón por nuestros pecados.

Una vez que decidimos ser “creyentes en Cristo”, vemos que ...

 

b. La guerra espiritual implica entrar en una lucha

(12) Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”

El Apóstol Pablo le dice a Timoteo que debe pelear la buena batalla de la fe.

Ser cristiano es estar en uno de los dos bandos en lucha, sólo que sabemos que el Señor Jesús ya venció en la cruz y eso nos hace “más que vencedores”. Por la victoria de Jesús, nosotros ya tenemos la victoria sobre la oscuridad del pecado y la muerte.

Ser cristiano implica vivir una contracultura, con valores muy diferentes a los de la sociedad en general. Implica apartarse del pecado y buscar hacer lo bueno y agradable delante de Dios, implica una postura ética, implica romper con la indiferencia de la injusticia y de que “todo está bien”.

Implica tener ideas claras de lo que está bien y de lo que está mal, y no solo saberlo, sino también proclamarlo. Pero esto, déjeme decirle, trae sus complicaciones, dentro de una cultura donde no hay limites y la inmoralidad es algo con lo que la gente sin fe ha aprendido a convivir.

Entonces, como decía un conductor de televisión, cada persona debe hacerse la pregunta ¿De qué lado está?

Yendo al concepto de guerra en general, cualquiera que conozca algo de conceptos militares sabe que la batalla tiene dos aspectos fundamentales: la defensa y el ataque o avance. De igual manera, vamos a ver que la lucha que enfrenta el creyente también contiene estos dos movimientos. En primer lugar vamos a considerar que el creyente debe defenderse. Por eso...

 

II. La guerra espiritual exige defenderse

En primer lugar vemos que...

 

a. La defensa implica ser atacado

(13) Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, (14) que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo” 

Si necesitamos defendernos es porque alguien nos ataca.

Pablo le manda a Timoteo que “guarde el mandamiento sin mácula ni reprensión”.

Timoteo, al igual que nosotros como creyentes, como hombres y mujeres de Dios, tenemos que cuidarnos de las tentaciones del enemigo que, como dijimos antes, anda como león rugiente buscando a quien devorar. Timoteo y nosotros tenemos una forma de mantenernos libres de la esclavitud del pecado y de la muerte que es mantenernos en santidad y obediencia.

La Palabra de Dios es bien clara en este sentido. En cuanto a la santidad, el Señor Jesús le dijo a sus discípulos en Getsemaní: "Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." (Mateo 26:41). Debemos estar permanentemente alertas en identificar claramente las tentaciones y a no ceder a ninguna de ellas.

Y la manera de no ceder es la obediencia a los mandamientos del Señor. La Palabra de Dios dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7)

Debemos someternos a Dios, a sus mandamientos, y de esta forma podremos resistir al diablo que tendrá que huir de nosotros.

Por otra parte, para resistir necesitamos de herramientas para hacerlo, y el Señor nos las ha dado. Vemos entonces que...

 

b. La defensa requiere armas para defenderse

Como hemos visto, el Diablo huye ante nuestra resistencia, pero ¿Cuáles son las armas que Dios nos da para resistir?

En primer lugar necesitamos estar en comunión con el Señor, pasando tiempo buscándole a Él por medio de la oración y la lectura de Su Palabra.

El Señor Jesús dijo:Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:4-5)

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” (Juan 15:7)

Necesitamos permanecer en el Señor, porque separados de Él, nada podemos hacer.

Por otra parte, encontramos en el libro de Efesios, en 6:10 a 18, un detalle de la “armadura espiritual” que el Señor nos da para librar la buena batalla de la fe:

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes,

  • ceñidos vuestros lomos con la verdad, y
  • vestidos con la coraza de justicia,
  • y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad
  • el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad
  • el yelmo de la salvación, y
  • la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” – Efesios 6:10-18

Entonces, como nos exhorta el Señor en Su Palabra, debemos “vestirnos” con estas cosas elementales para nuestra fe: La verdad, la justicia, la paz, la fe, la salvación y el Espíritu, que obra a través de la oración y la lectura de La Palabra de Dios, que es la forma en que podemos “dialogar” con el Señor, simboliza nuestra relación con el Señor como la vid y los pámpanos.

La pregunta es ¿Cómo estoy en estas áreas? ¿Tengo seguridad de la salvación de mi alma? ¿Tengo fe? ¿Busco la justicia? ¿Soy pacificador? ¿Me conduzco con la verdad? ¿Me hago tiempo diariamente para mi comunión con el Señor, para la oración y la lectura de Su Palabra?

 

Hemos visto que la guerra espiritual exige un soldado. También hemos visto que la guerra espiritual exige defenderse. Pero también vemos que...

 

III. La guerra espiritual exige atacar y avanzar

En primer lugar...

 

a. Atacamos y avanzamos porque somos victoriosos en Cristo

(13) “Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato,

(14) que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo,

(15) la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores,

(16) el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.”

El Señor Jesús, dice Pablo, es el único que tiene inmortalidad, es solo Soberano, Rey de Reyes y Señor de Señores, porque venció en la cruz sobre el enemigo, sobre el pecado y la muerte.

Dice La Palabra:

(13) “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, (14) anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, (15) y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.(Colosenses 2:13-15)

Él ya los despojó y los exhibió públicamente, de forma tal que nos dio la victoria. No es nuestra victoria sino la victoria de Cristo en la cruz la que nos hace vencedores. Vencemos “en el nombre de Jesús”.

Sobre esta base, entonces...

 

b. Atacamos y avanzamos porque es un mandato del Señor

Volviendo al pasaje, recordamos que Pablo dice “Te mando delante de Dios (...)que guardes el mandamiento”. En la segunda carta encontramos que Pablo le dice: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Timoteo 4:5)

Y los creyentes, TODOS los creyentes en Cristo, tenemos un mandamiento que guardar, que es la “Gran Comisión”, la proclamación del Evangelio”

“(18)Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (19) Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:18-20)

Si usted quiere atacar a los demonios, la manera apropiada no es andar “reprendiendo” todo el día. Ocúpese primeramente por la proclamación del Evangelio, por la extensión del Reino de Dios en la Tierra.

Nuestro enemigo es el diablo y sus huestes de maldad. Peleamos contra principados y potestades de maldad que buscan atar a la gente y mantenerla cautiva del pecado y de la muerte.

La manera en que nosotros hacemos guerra espiritual en contra de esos demonios es cuidando que nuestra vida sea agradable delante de Dios, en santidad y obediencia a sus mandamientos, y proclamando el Evangelio a toda criatura, para que las personas puedan liberarse de las cadenas del pecado, ser libres viviendo la vida abundante y victoriosa que sólo el Señor Jesús puede ofrecerles. Esta es la verdadera guerra espiritual que libramos.

 

Conclusión:

Esta es la lucha que todo creyente enfrenta: Ser santo y llamar a la gente a la santidad, a apartarse para Dios, en un mundo inmerso en las tinieblas y corrupción del pecado. Vivir en el mundo sin ser del mundo. ¿Usted acepta el desafío que esto implica?

Gerardo Hernán Vera

 

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